Durante los últimos dos años, las organizaciones invirtieron fuertemente en iniciativas de Inteligencia Artificial Generativa. Los pilotos proliferaron, los casos de uso se multiplicaron y los resultados iniciales demostraron un enorme potencial para mejorar la productividad y acelerar procesos.

Esta tendencia no parece desacelerarse. Gartner proyecta que el gasto mundial en IA será de USD 2 billones en 2026, un crecimiento del 44% respecto del año anterior, consolidando el paso desde la experimentación hacia la adopción empresarial a escala.

Sin embargo, a medida que las empresas comienzan a incorporar estas capacidades en procesos de negocio reales surge una pregunta diferente:

¿Qué ocurre cuando la IA deja de ser un experimento y se convierte en una capacidad operativa crítica?

La respuesta suele revelar un conjunto de desafíos que no siempre aparecen en la etapa inicial del proyecto y que, en muchos casos, terminan definiendo el verdadero costo de la iniciativa.

El costo del modelo no es el principal problema

Cuando se evalúa una iniciativa de IA es habitual que la conversación se concentre en el costo de las licencias o del consumo de modelos. Sin embargo, para una organización que busca operar estas soluciones a escala, el costo del modelo suele representar solo una parte de la ecuación.

La inversión relevante aparece en otros aspectos: integración con sistemas corporativos, gobierno de acceso, monitoreo, métricas de calidad, continuidad operativa, soporte y evolución de la solución. En otras palabras, el desafío no consiste únicamente en obtener una respuesta correcta de un modelo, sino que consiste en garantizar que la solución siga entregando valor de forma predecible, segura y económicamente sustentable a lo largo del tiempo.

La nueva dependencia tecnológica que muchas organizaciones subestiman

Las empresas están acostumbradas a gestionar aplicaciones, bases de datos, infraestructuras y plataformas empresariales. La IA generativa introduce una nueva categoría de dependencia tecnológica, ya que hoy gran parte de las soluciones generativas se construyen sobre modelos ofrecidos como servicio por terceros. Esto implica aceptar que un componente crítico de la arquitectura puede evolucionar fuera del control de la organización: los modelos cambian, sus capacidades evolucionan, sus costos se modifican, e incluso algunos son reemplazados o discontinuados.

Mientras un proceso de negocio puede permanecer estable durante años, la tecnología que lo soporta puede transformarse en cuestión de meses. Para un CIO, esto representa un desafío de gobierno más que un desafío técnico.

La pregunta deja de ser qué modelo utilizar hoy y pasa a ser cómo garantizar la continuidad del servicio cuando ese modelo cambie mañana.

Del piloto de IA al servicio corporativo

La mayoría de los pilotos exitosos comparten una característica: operan en entornos controlados. Los usuarios son pocos, el alcance está acotado y el volumen de uso es relativamente predecible. Sin embargo, cuando la solución pasa a producción aparecen nuevas exigencias.

Es necesario monitorear el consumo y anticipar desvíos presupuestarios. Se requiere gestionar permisos, auditoría y trazabilidad. Surgen necesidades de soporte, métricas de adopción y mecanismos para medir la calidad de los resultados. La conversación deja de girar alrededor de la innovación y comienza a enfocarse en la operación.

Este cambio de foco también comienza a reflejarse en las investigaciones de mercado. Gartner advirtió recientemente que aplicar mecanismos de gobierno homogéneos a agentes de IA con distintos niveles de autonomía y criticidad puede derivar en fallas operativas significativas. La consultora proyecta que para 2027 el 40% de las organizaciones deberá degradar o incluso retirar agentes autónomos debido a problemas de gobierno identificados una vez que estos ya se encuentren en producción. Esta tendencia refuerza la necesidad de considerar aspectos como monitoreo, trazabilidad, gestión de riesgos y control operativo desde las primeras etapas del diseño de la solución.

Inteligencia Artificial

Las organizaciones que obtienen mejores resultados suelen ser aquellas que contemplan estos factores desde el inicio del proyecto, evitando que el crecimiento del uso genere costos inesperados o riesgos operativos difíciles de gestionar.

Diseñar para el cambio es una decisión estratégica

Uno de los errores más frecuentes consiste en asumir que el modelo elegido durante la implementación seguirá siendo la mejor opción durante toda la vida útil de la solución. La velocidad de evolución del mercado demuestra exactamente lo contrario.

Nuevos modelos aparecen constantemente. Los costos relativos cambian. Las capacidades mejoran. Por este motivo, la capacidad de sustituir modelos de manera controlada se está convirtiendo en un atributo arquitectónico clave.

Contar con mecanismos de evaluación continua, procesos ágiles de validación y estrategias de contingencia permite reducir significativamente el riesgo de dependencia tecnológica y proteger la inversión realizada.

No se trata solamente de elegir un modelo. Se trata de preservar la capacidad de elección en el futuro.

IA y automatización: una diferencia fundamental

Las organizaciones que ya recorrieron el camino de la automatización empresarial conocen la importancia del gobierno, la estabilidad y la continuidad operativa. Sin embargo, las soluciones de IA agregan un elemento adicional: mientras una automatización tradicional suele comportarse de manera determinística, una solución basada en modelos generativos depende de tecnologías que evolucionan constantemente.

Esto obliga a incorporar nuevas disciplinas de gestión: monitoreo de desempeño de modelos, evaluación continua de calidad, estrategias de reemplazo y planes de contingencia frente a cambios externos.

La IA no reemplaza las prácticas de gobierno que las organizaciones ya conocen, sino que por el contrario, las vuelve aún más importantes.

El rol creciente de los modelos open source

Al mismo tiempo, la evolución del ecosistema open source está generando nuevas oportunidades para organizaciones que buscan mayor control sobre sus capacidades de IA.

La posibilidad de ejecutar modelos localmente permite administrar su ciclo de vida, definir políticas de actualización, aumentar la independencia frente a proveedores externos y fortalecer la gobernanza de la solución.

De hecho, Gartner estima que para 2027 más del 50% de los modelos de IA generativa utilizados por las empresas serán específicos de una industria o función de negocio, frente a aproximadamente el 1% registrado apenas unos años antes. Esta evolución evidencia que la estrategia de modelos será dinámica y que la capacidad de sustituirlos o complementarlos se volverá un requisito arquitectónico cada vez más importante.

Inteligencia Artificial

No todos los casos de uso justifican este enfoque, pero su crecimiento demuestra una tendencia relevante: las organizaciones comienzan a evaluar la IA no solo por sus capacidades, sino también por el nivel de control que pueden ejercer sobre ella.

El ROI real: menos errores, menos riesgo y más capacidad operativa

La pregunta más importante para un CIO no es cuánto cuesta una solución de IA, sino cuánto valor genera en relación con los riesgos que ayuda a reducir. En algunos casos, el beneficio principal será la reducción de tiempos operativos. En otros, la disminución de errores o la posibilidad de que colaboradores menos experimentados alcancen niveles de desempeño más consistentes.

La evaluación del retorno (ROI) debe incorporar no solo los ahorros directos, sino también el impacto económico de los errores evitados, la mejora en la calidad de las decisiones y la capacidad de escalar operaciones sin incrementar proporcionalmente los recursos.

Cuando se analiza desde esta perspectiva, la conversación deja de centrarse en el costo de los tokens y pasa a enfocarse en la creación de valor para el negocio.

De proyectos de IA a capacidades de IA

Las organizaciones más avanzadas están dejando de gestionar la IA como una sucesión de iniciativas aisladas. En su lugar, comienzan a tratarla como una capacidad corporativa que requiere estándares, gobierno, monitoreo, métricas y planificación de largo plazo.

El verdadero costo oculto de la IA no aparece durante el piloto. Aparece cuando la organización comienza a depender de ella.

Y es precisamente en ese momento cuando la diferencia entre una demostración tecnológica y una capacidad estratégica de negocio se vuelve evidente.

Emiliano Gasparovic

Emiliano Gasparovic

Gerente de IA Aplicada

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